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viernes, 25 de marzo de 2011

Mi historia: De mí para ti con todo mi yo.

Tenía trece años cuando descubrí que el amor de mi vida era algo irreal, llevaba enamorado de la misma chica casi cinco años y ni siquiera era capaz de dirigirle la palabra sin hacer el ridículo. Al darme cuenta de este pequeño detalle, decidí borrar aquella timidez que tanto me caracterizaba. Comencé por lo más simple, saludar...

Preferí intentar algo menos arriesgado que saludar de frente a ese ángel que tanto amaba, así que opté por saludar a otras chicas con las cuales no hablaba mucho... sería una especie de práctica para lograr hablarle a la niña de mis sueños. No sabía que por hacer eso, terminaría enamorándome como nunca antes.

Le hablé a una niña un tanto pequeña, de mi edad claro. Fue extraño que nos lleváramos tan bien, dado que nunca habíamos hablado por más de tres segundos. Así empezó mi entrenamiento, me fue bastante bien pues al hacer amistad con una fémina, las demás no dudaron en acercarse más a mi. Fue de esa manera que noté mi felicidad extrema al estar rodeado de mujeres... definitivamente el sólo tener amigos varones había sido una perdida total de tiempo.

Ya era un hecho, las chicas eran mi adicción, no había día en el cual no entablara amistad con una niña nueva y no había día en el cual no hablara con Camila, la primera chica a la cual saludé, mi nueva mejor amiga y la chica de la cual me enamoraba cada día más. El problema de todo eso, era que yo ya estaba enamorado, ya había encontrado al amor de mi vida, al menos así lo veía. No era posible que me haya enamorado de mi mejor amiga, además no sabía que se supone debía hacer. Confesar mis sentimientos me daba miedo... supongo que ser su amigo era felicidad suficiente.

Camila me daba ánimos pues ella sabía que yo andaba enamorado de otra chica, me decía que lo mejor era declarar mis emociones, decirle todas esas cosas y más. Era extraño pues yo ya no sentía nada por la otra chica, mis ojos y oídos eran únicamente para Camila, quien me decía que no debería guardar nunca mis sentimientos. Ironía de la vida, el no atreverte a confesarle tu amor a una persona y que esa persona te diga constantemente que deberías hacerlo pues no sabe que esa persona es ella.

Cinco años de mi vida enamorado perdidamente de una persona y todo eso se esfumó en un instante, no entendía como eso era posible, juraba que mi amor era eterno y sin igual, sin embargo ese amor era nada comparado con lo que sentía por mi mejor amiga. Había encontrado un nuevo amor, algo distinto a todo lo anterior, Camila era bonita y amable, siempre se preocupada por mi y me ofrecía un cariño sin igual. Definitivamente no tengo ni idea de lo que es el amor, es algo que cambia constantemente al parecer, algo imposible de describir o medir, había encontrado al nuevo amor de mi vida. Que expresión tan extraña esa, “el amor de mi vida” lo había encontrado ya dos veces en mis cortos trece años. Poco sabía yo, que tendría miles más de esos.

Ya era obvio para todo el mundo, estaba enamorado de mi mejor amiga y todos menos ella lo sabían. Pero nunca me atrevería a decírselo, ella me abrazaba y me hacía sentir especial, a pesar de eso yo sabía que ella estaba enamorada de otro chico. No era sólo mi cobardía lo que me impedía confesarle mis sentimientos, era su amor por otra persona lo que me frenaba. Mi amor por ella era un amor imposible sin lugar a duda, pero era un amor que me hacía feliz.

Fue un día como cualquier otro, sin razón alguna Camila vino hacia mi y me entregó una pequeña carta, con una gran sonrisa en la cara y un mega abrazo me dijo:
-Toma, es un regalo.- Dijo de la manera más alegre posible.
-Ehmm, gracias, pero no entiendo.
-¿Qué no entiendes?
-La razón de la carta, hoy no es mi cumpleaños ni nada parecido.
-Ja, ja. Eres un tonto, no hay razón alguna, es sólo porque te quiero.
-¿Me quieres?- Mi corazón estallaba de felicidad.
-Claro que te quiero, es un regalo de mí para ti con todo mi yo.
-¿De quién para qué cómo?- No entendía lo que estaba pasando.
-De mí para ti con todo mi yo, quiere decir que lo hice con muchísimo cariño.
-Que chistoso eso. Sabes, me gustas mucho.-Dije, sin darme cuenta.
-¿Qué? No escuché bien.
-Que me gusta mucho la carta.- Logré corregirme gracias al cielo.
-¿En serio? ¡Me alegra tanto! Te quiero.- Me abrazaba, ignorando mi reciente confesión.
-Yo también te quiero, eres mi mejor amiga, ven vamos a comer pizza.

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Esa carta era un agradecimiento por mi amistad, fue la primera carta que he recibido. Nunca logré confesar mis sentimientos, pero siempre fui feliz con ese recuerdo.
Esa es la razón del nombre de este blog, es algo que siempre me quedó grabado y algo que siempre he repetido desde entonces al regalar algo.

2 comentarios:

Alfredo dijo...

Recuerdo una historia parecida... Bueno, el contexto era el mismo... De ahí viene el nombre, entonces... Genial.

Anónimo dijo...

Gran historia men, un cacho familiar no??