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sábado, 9 de julio de 2011

Un día gris

Su cuerpo le pesaba, sus piernas ya no respondían, sus brazos colgaban ya sin vida. Sus ojos ya no transmitían emoción, sus párpados eran ya negros por tantas noches sin dormir, su rostro sin afeitar le quitaba la poca juventud que le quedaba. Se levantó de la cama sin energía, miró por la ventana y vio un cielo nublado pero sin rastros de lluvia, sacó la cabeza para sentir el fuerte viento en su rostro, “perfecto” pensó.

Abrió el cajón de su mueble, sacó un álbum de fotos, un sobre grande lleno de cartas, un carrito de juguete y una libreta de notas. En una época las fotos le recordaban lo hermosa que es la vida, las cartas le recordaban lo feliz que era, el carrito le demostraba lo afortunado que sería y la libreta le ayudaba a recordar. Ahora las fotos le demuestran lo iluso que era, las cartas le expresan palabras vacías, el carrito está oxidado como sus sueños y la libreta, la libreta sólo le recordaba lo que tanto deseaba ahora olvidar. Puso todo en una mochila ya preparada y salió de su casa.

Camino a su destino recordó enamorarse, se sonrojó con la ternura durante la conquista, sonrío pensando en el “sí”, memorias de felicidad invadieron su mente. Hesitó, dio un paso atrás. Recordó el primer insulto, su puño tembló al pensar en las mentiras, sus ojos lloraron al escuchar “adiós”. Retomó su camino y al poco tiempo llegó a una casa que lo atacaba con más recuerdos. La calle estaba desierta, todo iba de acuerdo al plan. Se sentó en la vereda en frente de la puerta, sacó las cosas de su mochila y una botella con un liquido espeso que apestaba, puso todo en fila en frente de él, “es hora” dijo.

Sintió frío mientras el líquido recorría su cuerpo, sus ropas ya estaban empapadas y la cabeza le daba vueltas por el fuerte olor. Tuvo mucho cuidado de no mojar los objetos que trajo consigo, no quería que se dañaran. Sacó un objeto pequeño y cilíndrico y presionó el botón que este tenía, una llama débil nació. Cerró sus ojos, botó todo el aire de sus pulmones y acercó el fuego a su cuerpo.

Fue más rápido de lo que imaginó, pero no estaba asustado. Dolía mucho, pero eso no se comparaba con lo que había sufrido últimamente. Respiró hondo y sus pulmones se quemaron, el olor a gasolina era fuerte, pero el olor que ahora sentía era insoportable. Se quedó sentado sin hacer un simple movimiento. Su piel desaparecía y los recuerdos con ella. Sentía el fuego en sus entrañas y con ello sentía libertad. Su vida desaparecía mientras el fuego reemplazaba su existencia, pensó el porqué de su acto... nadie lo entendería, sin embargo para él era la única acción lógica. Quemaba, ardía, lloraba, pero ya pronto no sentiría más dolor, ya nunca más sería torturado por esos recuerdos que ahora se hacían cenizas. Finalmente el fuego llegó al corazón, sintió literalmente cómo su pasión ardía. Todo el amor que alguna vez sintió se concentró en ese punto y justo en el momento en que su vida se extinguió, una sonrisa cubrió su rostro.

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Pues hay dolor indescriptible en esta vida, espero nunca sentirlo, espero nunca lo sientan.

2 comentarios:

l dijo...

Lo mejor en momentos así es estar a lado de amigos y personas queridas, en casos así pensar es malo, creo.

Johanna dijo...

Muy buen escrito, tío. Me hizo recordar a la frase "no hay mal que dure 100 años, ni cuerpo que la resista".
¡La historia me dejó pegadísima de principio a fin!. Sin embargo, esto nos deja una enseñanza: que hay más dolor en esta vida, solo no debemos desesperarnos y sumergirnos en ella... sino te prenderás fuego Y_Y