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viernes, 29 de abril de 2011

Voy contigo, mi amor.

Ya sé que has terminado conmigo, ya sé que no me ves hace casi medio año, ya sé que no sientes nada por mí, ya sé que estás con otra persona… Pero tú no sabes que yo no he sido capaz de terminar contigo, no sabes que siempre te veo en fotos y videos, no sabes todo lo que siento por ti, no sabes lo mucho que deseo estar contigo.

Mi nombre es Joseph y hace medio año la mujer que amo me abandonó porque mis defectos fueron más grandes que nuestro amor. Eso estaría bien si no fuese, claro, por que en mi febril locura sigo comentándole a mis amigos y conocidos lo genial que es tener una novia como la que ya no tengo. Las alucinaciones y exageraciones que suelo comentarles a mis compañeros sobre la relación perfecta, e imaginaria, que tengo con Jullye.

En las noches lloro pensando en ella y me lastimo tocando el frío monitor o el agrietado papel donde puedo ver su imagen. Al contrario en el día, soy, ante los ojos de extraños, el hombre más feliz en la tierra gracias a lo que todos piensan de mi relación, mientras, yo sé, Jullye está con otro sujeto en amoríos.

No sé porque me torturo creando un universo inexistente. Sólo una persona, mi mejor amigo, sabe que esta utopía es, en verdad, una distopía personal y que soy esclavo de mis propias mentiras, ya que si acepto el hecho, ante los demás, de haber estado inventando historias, quedaría como un perdedor, como un perro, como un necesitado de ella… La triste realidad es que, ciertamente, sí lo soy.

Alex es el nombre de mi mejor amigo. Iba con él en un bus, rumbo a mi hogar, después del instituto. Ese día, recuerdo, las mentiras casi se me van de las manos al hablar sobre Jullye pero, gracias a dios, pude encubrir mis palabras con otra capa de mentiras. ¡Oh! Si alguien supiese que no veo el rostro de Jullye hace unos cinco meses… Pero yo se que mentía por que nunca había aceptado que nuestra relación había acabado… Una Jullye imaginaria siempre estaba conmigo, con ella estaría para siempre.

Estaba, yo, sentado justo en el último asiento del bus, al lado de la ventana que daba a la acera, Alex estaba a mi costado y, entre los dimes y diretes que tenía en el transporte público con él, algo hizo mi corazón saltar. Comencé a temblar y las gotas de sudor helado mojaron la parte trasera de mi polera.

-          A… Alex… Alex… - dije, sin dejar de tartamudear.
-          Tío… ¡Estás temblando! – me dijo, algo preocupado.
-          Ella… Jullye… Está… Ella…
-          ¿Qué?
-          Ella… Está… Está a mi costado…
-          A tu costado está la ventana, tío – dijo – al otro lado está el paradero.

Aún no podía dejar de temblar ni de sudar, el miedo me invadió desde la punta del pie hasta lo más alto de mí, intenté mover mi cabeza para señalar al paradero donde estaba Jullye, posiblemente, esperando un transporte. Alex pudo verla parada conversando con una amiga.

                                                               El carro arrancó....
... Me paré...
                                                                                       ... Me disponía a bajar en próximo paradero.

-          ¿Qué tienes? – preguntó Alex
-          Voy a bajar – dije, tragándome el miedo.

Un jalón que casi rompe mi manga derecha me sentó. Alex me miraba con desaprobación.

-          ¿¡Eres estúpido!? – me dijo, todo el mundo volteó a mirarnos.
-          Sólo quería… Verla… - agaché la cabeza
-          ¿Y de ahí?
-          La iba a saludar… - una gota cayó sobre mi pantalón
-          ¿Y…?
-          Me iba a quedar parado sin decir nada, sintiéndome la persona más idiota del mundo luego de, prácticamente, arrastrarme como un perro.
-          Bonito… ¿Verdad?

Lo abracé, era un abrazo muy fraterno, me gustó de verdad, pero no podía soportarlo más, ese fue el último abrazo que le daría a alguien en mi vida.

- ¡Me voy, ahora, donde mi Jullye imaginaria me espera! – grito ahora, a la nada, parado a unos 30 metros del suelo, sobre un puente. 


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¿Qué es peor que una vida llena de mentiras? No suelo darme cuenta de la gravedad de las cosas hasta que es demasiado tarde. Deberíamos, todos, al menos, intentar llevar una vida transparente... No soy el ejemplo a seguir pero, sin duda alguna, he decidido empezar a obrar con mi palabra.

2 comentarios:

Alejandro Céspedes dijo...

Una vida transparente no asegura mucho más que una conciencia limpia, al final igual somos esclavos del pasado. La clave, creo yo, es aprender de los errores y ser cada vez mejor.

Llegará un día en el que sólo necesitaré una mentira "Tengo 243 años".

Giova dijo...

Eso fue tan conmovedor! Me siento identificada con la historia! Bien Alfredo me gusta tu estilo! Felicitaciones!