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sábado, 17 de diciembre de 2011

Cosecha.

Uno cosecha lo que siembra, eso fue lo que escuché cuando te lastimé. Esperas que sufra por lo que te hice, que me arrepienta de mis acciones. Deseas que cambie mi forma de ser, pues deseas encontrar algo más en mí de lo que a simple viste hay.

Lamento decirte que no existe más que eso, que nunca me arrepentiré del daño que causo. Intentas darme lecciones de moral, dices que pagaré por mi maldad. Lo siento, pero no hay un ser superior que me vaya a castigar.

Dices que no sé lo que hago, que me llegará el castigo adecuado en su momento. Intentas avisarme del peligro, triste es que no te des cuenta de mi naturaleza. Perdón, pero uno cosecha lo que quiere sembrar.

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A veces nos arrepentimos de lo que hicimos, del dolor que causamos, de las vidas que destrozamos. A veces destruimos todo apropósito, a veces nos gusta hacerlo.
domingo, 4 de diciembre de 2011

No.

Era un mal día, hace una semana perdió sus llaves por lo que no puede usar su auto y debe entrar a su casa por la ventana, hace días que no puede afeitarse pues le cortaron el agua, perdió su trabajo por llegar tarde una semana completa, su gato lo abandonó y la cafetera se rompió. Era un mal día… y le habían cortado la luz.

Nadie entenderá qué pasó, quizá fue la rabia por todo lo malo ocurrido, quizá fue simple aburrimiento de la miseria vivida, quizá era un reclamo al dios no existente en su vida o quizá extrañaba mucho a su gato, nadie sabría el motivo por que ese día Él abandonó lo poco que le quedaba y se dirigió a la playa.

Fijó su mirada hacia su destino y caminó, caminó y caminó. Caminó a paso lento pero firme cual mula testaruda se rehusó a detenerse y a mirar hacía los costados, milagrosamente ningún semáforo intervino con su caminata imparable. Es más, parecía que los carros se negaban a acelerar ante el desfile de nuestro protagonista. Los objetos lo presenciaban con pena, creo que era lástima por todo lo que le había sucedido (es probable que sea imaginación mía, los objetos no suelen considerarnos), sin embargo los humanos no fueron tan amables con Él.

Era como si la humanidad se hubiera puesto de acuerdo en distraer al sufrido caminante. Niños pidiendo que les pasara el balón, niñas vendiendo galletas, mendigos pidiendo limosnas, voluntarios haciendo colectas, ancianas queriendo cruzar la calle, señoritas pidiendo auxilio con las cosas más ridículas posibles. A todo esto Él respondía tercamente “No, no, no”. Era un burro necio, uno que aprendió a hablar únicamente para negarse a sucumbir ante la voluntad de otros y poder seguir su camino sin ser perturbado. Lo peor de toda esta turba enardecida que suplicaba ayuda era eso mismo, el mundo de nuestro héroe se había derrumbado sin que nadie se atreviera a ayudarle y a pesar de esto el mundo real le reclamaba ayuda. Debía ser una broma.

Finalmente llegó a la playa, ignoró mares de suplicas y se negó rotundamente a participar en cualquier tipo de acción ajena a su meta. Había repartido “No” tras “no” durante toda su caminata, incluso al aire que lo acariciaba dulcemente de la misma forma en la que una madre mima a su recién nacido. Llegó a la orilla y presenció el magnífico mar, interminable y limitado, hermoso y terrorífico, omnipotente y omnipresente. Fue en esta playa en la que hace una semana había perdido sus llaves y con ellas su felicidad, toda su vida se había esfumado en una simple y corta semana, claro que Él sabía que su vida hacía mucho era vacía y que su felicidad no existió jamás (salvo la vez en la que gato confundió el cabello de la “suegra” con una bola de estambre y causó caos total. Maldito gato, todo era su culpa).

Metió los pies en el agua, no dejó de caminar, se adentró más y el agua llegó hasta su pecho, pronto se encontró nadando, cada vez más mar adentro. Mientras nadaba sintió que algo se enganchó en su mano, no le hizo daño, simplemente algo se puso en su dedo como un anillo en mano de una damisela que acaba de aceptar la propuesta de matrimonio de su amado, detuvo su nado por un momento y vio el objeto, sus llaves acababan de llegar a su mano. De pronto un pequeño bote pesquero se acercó al reciente nadador olímpico y le preguntó si deseaba un lugar en la embarcación. Debía ser una broma… sus llaves, la clave de su felicidad, llegaban a sus manos por azar del destino y luego de eso alguien por primera vez en su vida le ofrecía ayuda, debía ser una broma. Pero ya era tarde, sus músculos estaban cansados, ya no quería ayuda. Pensó un instante mirando al pescador, pensó una última vez en gato, arrojó sus llaves al pescador, dejó de nadar y gritó… “¡NO!”.

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Existen momentos en que la vida parece burlarse de nosotros, que todo el mundo está en contra nuestra… Existen momentos en los que simplemente todo nos da igual. Existen momentos en los que la mejor respuesta posible es un “No”.
lunes, 31 de octubre de 2011

Alivio.


Ella está muerta y nada puede cambiar eso, nada se puede hacer para recuperarla. Ahora me doy cuenta de lo mucho que la amaba, de lo mucho que la necesito. Ella está muerta y pronto moriré también.

Ella está muerta y es culpa mía, soy la razón de su desgracia. Cada vez que nos peleábamos el amor se volvía más y más débil, el cariño se volvía odio y la vida nos abandonaba. Ella está muerta y su sangre está en mis manos.

Ella está muerta y finalmente soy libre, nunca más tendré que soportarla. No volverá a hacerme daño. El dolor de perderla pronto desaparecerá, pero el alivio que siento ahora será eterno. Ella está muerta y el cuchillo en mis manos ya puede descansar.

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Hay veces en las que somos nuestro peor enemigo, hay veces en las que el rencor nos gana. Hay veces en las que nos encontramos devastados, hay veces en las que nuestro único consuelo es el dolor ajeno.
jueves, 13 de octubre de 2011

Distancia.

-Adiós.- Las lagrimas no dejaban de caer por su rostro mientras pronunciaba tan corta y repugnante palabra. Él era todo lo bueno que había en este mundo, él estaba ahí siempre, por desgracia ella no podía quedarse en el mismo lugar. Un par de países de distancia no romperían su amor. Toda despedida duele, pero ellos volverían a estar juntos algún día.

Los primeros días fueron fáciles, no era tan mala la distancia. Los distintos tipos de comunicación hacían todo más simple. La distancia no se sentía,  él se aseguraba de llamar cada día a la hora acordada, ella se aseguraba de compartir sus nuevas experiencias.

Claro, el tiempo sigue pasando. Cada semana trae consigo nuevas cosas, cada vez la distancia se siente más. Llegó así la primera llamada fallida, llegó así el primer “hablamos luego”. La comunicación poco a poco disminuye, llega a ser algo amargo. Ya no hay apuro por saber del otro, es más… a ratos llega a ser un fastidio tener que reportarse.

La comunicación casi no existe, cada uno está distraído en sus nuevos asuntos. A veces el tiempo no alcanza, a veces la memoria falla. Hay días en los que no sé de él… hay días en los que no lo recuerdo. Me pregunto si será igual para ambos, me pregunto si esto sigue valiendo la pena, me pregunto…

Ahora la soledad es más fuerte… Sus llamadas me alegran, pero dejan un vacío en mí. Verlo en fotos y videos no me basta, quisiera poder estar a su lado, tomar su mano, darle un beso… sentirme protegida en sus brazos.  Siento que no podré aguantar la soledad, me da miedo que él ya se haya rendido. Tengo miedo de arruinarlo todo, tengo miedo de recibir malas noticias. Toda la situación me deprime, me enferma. Lo extraño…

Finalmente llegó el día, ya puedo regresar a él. La soledad, la tristeza, la angustia, las dudas… nada de eso importa ahora que su mano cubre la mía. Sufrí bastante, no entiendo muchas cosas de la distancia… a veces no importaba, a veces era insoportable, otras veces era lo mejor… Supongo que todo es cuestión de compromiso. Soy feliz, valió la pena esperar… mi amor venció la distancia, nuestro amor lo logró.

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Ella no lo sabe…no puede saberlo. Nunca me he sentido tan raro, nunca pensé que la distancia pudiera causar eso. Juraba que nada podría dañar nuestro amor, juraba que la distancia sólo nos haría más fuertes, pero lo arruiné… ella no debe enterarse, no puede enterarse…
martes, 13 de septiembre de 2011

Pero...


Ella me quiere,
me ofrece el cariño que me faltaba.
Ella siempre me cubre de besos,
pero sus labios no son dulces como los tuyos.

Ella entiende mi locura,
no intenta controlar todas mis acciones.
Ella siempre me sorprende con algo extraño,
pero no tiene ni de cerca tu compostura.

Ella es tierna y cariñosa,
no es desconsiderada con mis sentimientos.
Ella siempre me cuida,
pero con ella sólo recuerdo tu nombre.

Ella está hecha para mí,
no contradice mis ideas.
Ella siempre me hace reír,
pero ella ya tiene dueño.

Ella ve el mundo como yo,
no cierra su mente a lo nuevo.
Ella me hace olvidar cómo dueles,
pero ella nunca querrá estar a mi lado.

Ella es perfecta y me ama,
no me traicionaría ni me olvidaría.
Ella es todo lo que quiero y necesito,
pero ella no es tú.

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Oportunidades hay, a veces uno no las ve...a veces uno las pierde... a veces uno simplemente decide ignorarlas.


El blog ya sirvió su propósito por lo que ya no publiqué más contenido... pero siguiendo ciertos consejos y dado mi pequeño romance con la escritura estoy considerando el volver a publicar a ritmo constante. Sigan pues, disfrutando de mi locura.
sábado, 23 de julio de 2011

Mi historia: 23/07/09.

Desperté temprano...demasiado creo yo...mi normal sueño de seis horas se vio reducido a cuatro o quizá menos... la verdad es que mis ojos ni se cerraron, la emoción me tenía desesperado. “Hoy es el día en que compartiré mis sentimientos con esa persona tan especial”.

Una metida de pata de mi mejor amigo y un empujoncito de parte de amigos amigas nos habían llevado a ese día. Desde muy temprano me alisté, me duché durante una hora... lavé cada centímetro de mi cuerpo para estar lo más limpio posible, quizá de esa manera pueda acercarme a un ser tan puro como lo es ella. Me cepillé los dientes tres veces, no quería que una mala sonrisa me impidiera hablarle frente a frente. No comí, mi estomago es débil y podía traicionarme. Entraba y salía del chat, buscándola, esperándola y contándole a todos que hoy sería el día en que declararía mi amor. Buscaba consejos, los necesitaba.

Bueno, salí a verla, en el camino mi mente era un caos. Pensaba en qué y cómo decirle. Sabía que tendría que tocar el tema de la promesa que le hice hace unos cuantos meses, cuando aún ignoraba que era ella el amor que estaba esperando, el amor al que estaba destinado. Sin darme cuenta...y antes de poder siquiera preparar cualquier discurso mediocre...ya había llegado.

Ella ya estaba ahí esperándome. No sabía si llegó hace mucho o al mismo tiempo que yo, la vi tan arreglada... me quitó el aliento. Era un ángel en la tierra caminando hacía mi. Me pregunté “Rayos...¿Realmente tengo oportunidad con una chica tan perfecta?”
(claro que luego recordé lo perfecto que soy y reaccioné)
-Hola- le dije... (luché contra mi instinto de lanzarme encima de ella, de besarla y abrazarla como si no hubiera mañana)
-¡Vida!- me dijo... y me dio un beso en el cachete.

Habíamos quedado en vernos para buscarle unos nuevos lentes (tan inocente fui...que de verdad pensé que ella no tenía idea de lo que iba a decirle ese día).
Caminamos juntos mientras yo la llevaba del brazo(otra vez, luchaba con mi cuerpo que me rogaba tomar su mano), sonreíamos y nos decíamos frases de cariño, simples y amicales (otra lucha más, ya que quería gritarle al mundo entero que la amaba y que daría mi vida por ella).

Finalmente me dijo “Ya no quiero buscar nuevos lentes. ¿Seguimos caminando?”. Confundido, pero feliz porque quiera seguir caminando conmigo, le ofrecí entrar al cine o ir a un lugar con mas cosas que hacer. Pero ella se negó, “sólo quiero caminar” dijo.

Llegamos a un parque, nos sentamos y mi cabeza entró de nuevo en caos. No sabía cómo empezar. Buscaba en su mirada, en sus gestos...alguna ayuda, alguna indirecta que me ayude a expresarle mis sentimientos. Pero hizo nada fuera de lo normal...me sonreía y hablábamos de temas al azar. El plan había fallado...no pude decirle lo que sentía y continuamos con la caminata...

Pensé que había perdido toda oportunidad, pensé que se despediría y acabaría todo...
pero nuevamente dijo “¿Sigamos caminando?” y así lo hicimos... Caminamos y caminamos hasta que anocheció. Encontramos otro parque...
En ese parque... logré sentarme y aclarar mis ideas (claro que primero tuve que idear la manera de no verla a los ojos, pues en sus ojos me pierdo...y no encuentro salida de ese paraíso).

Acostado en la banca, con mi cabeza en su regazo, le dije todo lo que sentía, le pedí perdón por romper mi promesa y le pregunté si le gustaría ser mi enamorada. Ella dijo sí...
y de pronto me dio un beso en el cachete.

Esos tres segundos fueron los más felices de mi vida, pero pasaron tan rápido y era tan irreal que no reaccioné, me quedé atónito. “¿En serio acaba de decir sí?”pensé.

Ella me abrazaba, estábamos en silencio. De pronto, al poder finalmente reaccionar, la abracé más fuerte. Estaba por decirle que siempre la cuidaría, que haría lo necesario para siempre tenerla feliz y que se enamoraría cada vez más de mí, pero antes de poder decirle algo más...me besó.

Me besó y perdí la cabeza., perdí mi alma, perdí mi corazón... lo perdí todo con ese beso.
Ella se lo quedó todo, me robó la existencia misma, me hizo el ser más feliz del universo, le dio sentido a la vida...y todo eso con sólo un beso.

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Fue el día más feliz de mi vida... alguna vez lo fue.
Pasan cosas en la vida, las personas se enamoran... pasan más cosas y esas mismas personas ya no pueden ni hablar. Han pasado ya dos años desde entonces, ahora ya ni siquiera puedo mirarla. Pero hoy recordé ese momento una y otra vez. Y quería  pues de alguna manera, a ella que alguna vez fue mi mejor amiga, la persona que me amó... hoy, luego de recordar el día que cambió mi vida sólo deseaba decirle... "Gracias".
sábado, 9 de julio de 2011

Un día gris

Su cuerpo le pesaba, sus piernas ya no respondían, sus brazos colgaban ya sin vida. Sus ojos ya no transmitían emoción, sus párpados eran ya negros por tantas noches sin dormir, su rostro sin afeitar le quitaba la poca juventud que le quedaba. Se levantó de la cama sin energía, miró por la ventana y vio un cielo nublado pero sin rastros de lluvia, sacó la cabeza para sentir el fuerte viento en su rostro, “perfecto” pensó.

Abrió el cajón de su mueble, sacó un álbum de fotos, un sobre grande lleno de cartas, un carrito de juguete y una libreta de notas. En una época las fotos le recordaban lo hermosa que es la vida, las cartas le recordaban lo feliz que era, el carrito le demostraba lo afortunado que sería y la libreta le ayudaba a recordar. Ahora las fotos le demuestran lo iluso que era, las cartas le expresan palabras vacías, el carrito está oxidado como sus sueños y la libreta, la libreta sólo le recordaba lo que tanto deseaba ahora olvidar. Puso todo en una mochila ya preparada y salió de su casa.

Camino a su destino recordó enamorarse, se sonrojó con la ternura durante la conquista, sonrío pensando en el “sí”, memorias de felicidad invadieron su mente. Hesitó, dio un paso atrás. Recordó el primer insulto, su puño tembló al pensar en las mentiras, sus ojos lloraron al escuchar “adiós”. Retomó su camino y al poco tiempo llegó a una casa que lo atacaba con más recuerdos. La calle estaba desierta, todo iba de acuerdo al plan. Se sentó en la vereda en frente de la puerta, sacó las cosas de su mochila y una botella con un liquido espeso que apestaba, puso todo en fila en frente de él, “es hora” dijo.

Sintió frío mientras el líquido recorría su cuerpo, sus ropas ya estaban empapadas y la cabeza le daba vueltas por el fuerte olor. Tuvo mucho cuidado de no mojar los objetos que trajo consigo, no quería que se dañaran. Sacó un objeto pequeño y cilíndrico y presionó el botón que este tenía, una llama débil nació. Cerró sus ojos, botó todo el aire de sus pulmones y acercó el fuego a su cuerpo.

Fue más rápido de lo que imaginó, pero no estaba asustado. Dolía mucho, pero eso no se comparaba con lo que había sufrido últimamente. Respiró hondo y sus pulmones se quemaron, el olor a gasolina era fuerte, pero el olor que ahora sentía era insoportable. Se quedó sentado sin hacer un simple movimiento. Su piel desaparecía y los recuerdos con ella. Sentía el fuego en sus entrañas y con ello sentía libertad. Su vida desaparecía mientras el fuego reemplazaba su existencia, pensó el porqué de su acto... nadie lo entendería, sin embargo para él era la única acción lógica. Quemaba, ardía, lloraba, pero ya pronto no sentiría más dolor, ya nunca más sería torturado por esos recuerdos que ahora se hacían cenizas. Finalmente el fuego llegó al corazón, sintió literalmente cómo su pasión ardía. Todo el amor que alguna vez sintió se concentró en ese punto y justo en el momento en que su vida se extinguió, una sonrisa cubrió su rostro.

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Pues hay dolor indescriptible en esta vida, espero nunca sentirlo, espero nunca lo sientan.